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🤝 Tema 33: Conductas autolíticas

Comunidad de Madrid · Bombero/a Especialista Conductor/a

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Epígrafe oficial

Actuación en conductas autolíticas. Introducción. Intervención por intento de suicidio. Relación con los servicios psicosociales.

Resumen

Este tema va de personas en su peor momento, y el manual lo trata con mucho cuidado. Ante una crisis autolítica la víctima necesita atención psicológica, y tan importante es que el personal de rescate sepa darla como que la persona experta en psicología conozca cómo trabaja el equipo de rescate: los servicios deben funcionar como un verdadero equipo multidisciplinar. El manual toma la definición de emergencia de la Real Academia, una situación de peligro o desastre que requiere acción inmediata, y en ella encaja la crisis suicida, que define como la respuesta desadaptada de una persona ante una situación crítica que sobrepasa su capacidad de afrontamiento. Para un servicio de salvamento, el intento de suicidio combina técnicas de rescate y primeros auxilios psicológicos, con mucho estrés e incertidumbre para quien interviene; bomberos, policía y sanitarios tienen una posición única para influir en cómo termina.

Datos del manual. Según la OMS, cada 40 segundos se suicida una persona en el mundo y cada 3 segundos otra lo intenta: alrededor de 1 millón de muertes al año, unas 3.000 al día, más que las de conflictos armados o accidentes de tráfico. Según el INE, el suicidio es la primera causa de muerte externa en España: 33.677 muertes en los últimos 10 años, más de 3.500 al año, unas 10 al día, una cada 2,5 horas. El manual subraya que la responsabilidad no es solo personal sino también social. En el CBCM se hicieron 220 intervenciones tipificadas como «Salvamento – tentativa de suicidio» en 2023 (un 24 % más que en 2022) y 268 en 2024 (un 14 % más que en 2023).

El manual describe 4 fases de transición hacia la autólisis: en la fase 1 la persona empieza a considerar el suicidio como solución; la fase 2 es la de ambivalencia, en la que sopesa pros y contras; en la fase 3 toma una decisión firme; y la fase 4 es el acto en sí. Las tres primeras son fases cognitivas de ideación suicida y la cuarta es la fase de acción o conducta suicida. El manual recoge también una lista de los métodos que se encuentran con más frecuencia los servicios de salvamento, encabezada por la precipitación desde altura.

Pautas de intervención. El objetivo es anular la decisión de suicidarse y rescatar a la persona, para que después los servicios sanitarios y psicosociales continúen la atención; en toda víctima hay una parte que se aferra a la vida y hay que potenciarla. Si es la propia persona quien llama, se la mantiene al teléfono el mayor tiempo posible para obtener información. Se llega de forma discreta, sin señales acústicas ni luminosas, porque pueden empujar a consumar el acto y además atraen público. Con las fuerzas de seguridad se despeja un perímetro sin público ni medios de comunicación. A los allegados se les retira de la zona, cuidándolos junto con los sanitarios; solo se deja pasar a alguien cercano si la víctima lo pide, salvo casos de maltrato, abuso o sin garantía de seguridad física y psíquica, y si es el negociador quien quiere pedir ayuda a un familiar, antes le pide permiso a la víctima.

Se recoge toda la información posible (nombre, causas, intentos previos, consumo de drogas o alcohol, enfermedad, trabajo, ambiente familiar, gustos) y, si no hay tiempo, en paralelo, pasándosela al negociador por un medio que la víctima no oiga. No se satura el walkie o se abre un canal exclusivo, porque el negociador puede recibir pero casi no puede transmitir sin que la víctima lo note. En el contacto: calma y paciencia, presentarse como bombero o bombera con su nombre y llamar a la persona por el suyo; acercarse de forma muy progresiva dejando al principio 4-5 metros; escuchar y comprender; y, una vez hecho el contacto, no dejarla nunca sola. La seguridad del interviniente es lo primero: se retiran objetos peligrosos, el equipo va asegurado en altura y, si la víctima es violenta, actúan las fuerzas de seguridad con los medios del servicio de salvamento.

La estrategia depende de la fase: en la 1, ayudar a valorar alternativas; en la 2, inclinar la balanza hacia los contras con la información recabada; en la 3, generar dudas para volver a la 2; en la 4, atención sanitaria urgente y rescate, guardando muestras si se sospecha intoxicación. La comunicación es el arma principal: tono cálido y sin prisa (el tiempo juega a favor; el problema no es que se alargue sino que se estanque), a la altura de la persona, empezar por necesidades básicas como agua o abrigo, preguntas de globales a concretas, frases cortas y dejar que guíe la víctima, respetar los silencios, parafrasear, gestos coherentes con las palabras. Nunca amenazar, provocar, discutir ni poner plazos; nada de reproches ni juicios morales; usar la palabra «suicidio» con normalidad; no hacer promesas que no se puedan cumplir. Se puede ofrecer guardar secreto salvo información delictiva o imprescindible para otros servicios. La contención física es muy arriesgada y solo se usa con total seguridad. El pensamiento rígido produce «visión túnel», y aunque todo mejore hay que vigilar el «rapto suicida», un impulso repentino de consumar el acto. Al salir se protege la imagen de la persona tapándole el rostro, avisándola antes; la intervención termina cuando está en un lugar seguro y atendida por sanitarios o psicólogos, con un enlace asegurado con el siguiente recurso.

El colchón de seguridad es un material antiguo para salvamentos rápidos en altura cuando no hay medios más seguros; para no lesionarse hay que caer en el centro y en una postura concreta, algo que no controla el equipo, así que se usa con mucha cautela. En un intento en altura se usa solo para reducir la gravedad si hay salto, nunca se anima a saltar y se monta, si se puede, fuera de la vista de la víctima. El manual desmonta creencias erróneas: hablar del suicidio no da ideas, ayuda a desahogarse; la mayoría de quienes se suicidan lo han hablado antes y casi siempre hay señales; la enfermedad mental pesa menos como factor de riesgo que la impulsividad; los problemas no siempre se ven; la mayoría tiene dudas y actúa como grito de ayuda; y la familia no sufre menos, sino que se siente culpable y sufre más.

La competencia legal varía: puede recaer en las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad (si hay violencia), en los sanitarios o en los bomberos; la capacidad técnica ideal es la del psicólogo, pero las trabas de acceso (altura, puertas bloqueadas) y la falta de psicólogos de emergencia hacen que muchas veces negocie el bombero. Del negociador se espera, entre otras cosas, experiencia, prudencia, estabilidad emocional, dominio de la palabra, flexibilidad, capacidad de trabajar bajo presión, espíritu de equipo, tranquilidad y paciencia, completadas con formación. Por último, los servicios psicosociales: hay cuatro niveles de atención psicológica. Nivel I, población general (acompañar y cubrir necesidades básicas); nivel II, bomberos, sanitarios y fuerzas de seguridad (además, atención al estrés agudo y canalización de reacciones); nivel III, psicólogos, psiquiatras y trabajadores sociales (situaciones críticas, intervención en crisis, urgencias psicosociales); y nivel IV, equipos de salud mental (psicoterapia y reintegración). Las centrales y centros de coordinación los tienen en sus protocolos, y la formación en primeros auxilios psicológicos facilita el trabajo posterior de los profesionales.

Claves para el examen

💡 Truco

Las cuatro fases van «piensa, duda, decide, actúa», y la respuesta del negociador tira siempre un paso hacia atrás: al que piensa, alternativas; al que duda, razones en contra; al que ha decidido, devolverle la duda; y en el acto, atención sanitaria. Para los niveles de atención, sube la especialización del I al IV: población, primeros intervinientes, profesionales de la psicología y lo social, salud mental.

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