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🌲 Tema 19: Incendios de vegetación I

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Epígrafe oficial

Incendios de Vegetación I: conceptos básicos. Introducción. La evolución de los incendios. Causas de los incendios. Conceptos generales sobre el fuego forestal. Selvicultura preventiva e infraestructuras de defensa frente a incendios forestales.

Resumen

Para entender los incendios forestales de hoy hay que mirar atrás. En la segunda mitad del siglo XX, con la emigración a las ciudades y la llegada del gas y los combustibles fósiles, se abandonaron los usos tradicionales del monte: el pastoreo extensivo y la leña lo mantenían limpio, y la gente que vivía de él lo conocía al detalle. Al irse, la biomasa se acumuló y nació uno de los grandes problemas del siglo: los Grandes Incendios Forestales (GIF). El abandono de cultivos y pastos aumentó la superficie forestal y su continuidad; hay más combustible fino (leña, ramas, arbustos), masas densas de árboles delgados, continuidad horizontal en el sotobosque y vertical hasta las copas. El fuego siempre ha estado en los ecosistemas europeos (rayos, quemas agrícolas) y su papel ecológico es evitar la acumulación de biomasa y necromasa; al excluirlo, se rompe ese equilibrio y la cultura del fuego pasa de herramienta a peligro.

La respuesta fue reforzar la extinción, atacando rápido todas las igniciones ('Todos contra el fuego'). Funciona con la mayoría, pero genera la paradoja de la extinción: cada vez más conatos y pocos incendios que escapan y queman muchísimo. En el Mediterráneo, los incendios de más de 50 ha son el 2,6 % del número pero más del 75 % de la superficie quemada. En la Comunidad de Madrid, el CBCM apuesta por pronta detección y pronta respuesta: en un 'año tipo' hay unos 300 incendios forestales, unas 300 ha quemadas y alrededor de un 90 % de conatos (menos de 1 ha). Apagar bien los de baja y media intensidad favorece, paradójicamente, los de alta: una selección negativa, con años negros de miles de hectáreas. Por eso el GIF no se define por la superficie, sino como el incendio que mantiene de forma sostenida una velocidad, intensidad y longitud de llama superiores a la capacidad del sistema de extinción. Lo superan el perímetro que crece más rápido que las líneas, la velocidad del fuego mayor que la de la extinción, la alta intensidad de copas, la afectación a bienes y personas en la interfaz y la simultaneidad de GIF. Además, el cambio climático empeora el panorama y hace falta profesionalizarse.

Las generaciones de incendios se ordenan por el reto que plantean. 1ª, continuidad (1950-1960): sin campos que corten el combustible, incendios de superficie guiados por el viento de 1.000 a 5.000 ha; respuesta, compartimentar el paisaje. 2ª, velocidad (1970-1980): 10-15 años de acumulación, incendios de viento que avanzan 3-4 km/h y superan a las líneas, unos 5.000 ha; respuesta, más medios y capacidad de extinción. 3ª, intensidad (1990): fuegos de copas, grandes columnas convectivas, 10.000-20.000 ha; respuesta, inteligencia, conocimiento y análisis. 4ª, interfaz (finales de los 90 y desde 2000): el fuego salta entre monte, jardines y casas, unos 1.000 ha; respuesta, estrategias para priorizar actuaciones, pasar de atacar el fuego a defender personas y bienes. 5ª, simultaneidad (desde 2010): megaincendios a la vez que colapsan el sistema; respuesta, priorizar e intercambiar recursos y conocimiento entre regiones. 6ª, tormentas de fuego (desde 2017): con el cambio climático como detonante, cambian la meteorología del entorno con pirocúmulos y pueden alcanzar 14.000 ha/h. Las causas se clasifican en naturales (sobre todo rayos), intencionadas, negligencias o accidentes, reproducciones (incendio mal liquidado) y desconocidas; las investigan las BIIF.

Física del fuego forestal. El calor se transmite por radiación (en ondas; se evita con una pantalla), convección (masas de aire caliente como la columna de humo; hay que huir de su camino) y conducción (por contacto; la madera es mala conductora, así que es la menos importante en el monte). En los GIF la convección se refuerza y lanza pavesas y aire caliente muy lejos. Fases de la combustión: 1) calentamiento previo, cerca de la ebullición del agua, sale sobre todo vapor; 2) pirólisis, hasta unos 300 °C, la madera cambia de color, suelta gases inflamables y deja carbón vegetal; 3) punto de ignición-autoinflamación, pirólisis activa; 4) combustión gaseosa, las llamas; 5) combustión sólida, las brasas; 6) enfriamiento. Las tres primeras van antes del frente, la cuarta es el frente y las dos últimas después. Las propiedades que permiten que el fuego se inicie, se mantenga y se propague son la ignitabilidad (capacidad de entrar en ignición), la sostenibilidad (seguir quemando), la combustibilidad (velocidad a la que quema) y la consumibilidad (capacidad de ser consumido y dar altas intensidades).

Partes del incendio: origen (donde empieza), cabeza (hacia donde avanza, cambia con el viento), cola (desde donde evoluciona), flancos (el derecho es el que queda a la derecha mirando de la cola a la cabeza), saltos de fuego o focos secundarios (por pavesas, a veces muy lejos), lenguas o dedos (partes que avanzan más rápido), bolsas (vegetación sin quemar entre lenguas), perímetro (borde, puede no tener fuego en todas partes) e isla (combustible sin quemar dentro del perímetro). El triángulo de comportamiento lo forman topografía, meteorología y combustible. La topografía es la más constante: la exposición (las solanas están más calientes y secas que las umbrías), la pendiente (el factor topográfico más importante: más pendiente, más rápido sube el fuego y más lento baja) y la configuración o relieve (microclimas y vientos); también importa la rugosidad, y los barrancos estrechos con mucha pendiente propagan muy rápido.

Meteorología. La temperatura es máxima en verano y a diario entre las 15:00 y las 17:00 h; lo más fresco y húmedo es de madrugada, hacia las 06:00 h. La humedad absoluta se mide en g/m³ y la relativa en %; con 100 % el aire está saturado y por debajo del 30 % las condiciones son muy favorables al fuego. Regla práctica: si la temperatura baja 10 °C la humedad relativa se duplica, y si sube 10 °C se reduce a la mitad. Más humedad supone menos oxígeno y más energía para secar la vegetación. El viento se define por dirección e intensidad (m/s, km/h o nudos); sopla paralelo a las isobaras y es más fuerte cuanto más juntas están. Aporta oxígeno, marca la dirección, seca combustibles, lanza focos secundarios, acelera la propagación y enmascara la cabeza a los medios aéreos. En combustibles, los pinares (carrasco, piñonero, resinero y laricio) están ligados al fuego y son muy inflamables por sus resinas.

Características de los combustibles. Por tamaño: finos (0-5 mm: hojarasca, pasto, acículas), regulares (5-25 mm), medianos (25-75 mm) y gruesos (más de 75 mm); cuanto más pequeño, antes se seca y prende. Compactación: más espacio entre partículas, más aire y más velocidad. Densidad: más densidad, más resistencia a quemarse. Sustancias químicas como resinas y aceites aceleran el fuego. La humedad es decisiva: en los vivos es máxima en primavera y mínima en verano; en los muertos depende de la humedad ambiental. El tiempo de retardo es lo que tarda un combustible muerto en equilibrarse con el ambiente: 1 hora (menos de 6 mm), 10 horas (6 mm a 2,5 cm), 100 horas (2,5-7,5 cm) y 1.000 horas (7,5-20 cm). En distribución espacial hay continuidad horizontal (uniforme o discontinua) y vertical, con tres estratos: superficie o herbáceo, escalera o arbustivo, y aéreo o de copas. Los modelos de combustible (13 modelos en cuatro grupos: pastos, matorral, hojarasca bajo arbolado y restos selvícolas) llevaron al sistema Behave de Rothermel y Burgan (1984), base de los simuladores. Elvira y Hernando (1989) clasificaron especies: muy inflamables casi todo el año (brezo, eucalipto, retama, tojo, pino carrasco, encina, romero, tomillo), muy inflamables en verano (como jara pringosa, pino piñonero o esparto) y medianamente inflamables (madroño, enebro, carrasca, quejigo).

Patrones y morfología. Si domina la meteorología (el viento), el patrón es de viento; si domina la pendiente, topográfico; si domina la convección (atmosférica o la generada por la propia energía del fuego), de convección o pyroconvección. Morfologías: circular (terreno llano, combustible homogéneo y sin viento), elíptica (viento dominante, combustible homogéneo, terreno llano o pendiente regular) e irregular (viento variable, combustible heterogéneo o pendientes irregulares, con focos secundarios o fuego mantenido en la base de la ladera). Para describir el comportamiento se usan la longitud de llama (de la base a la punta, en metros, referencia de intensidad), la intensidad lineal (potencia por unidad de frente), la velocidad de propagación o ROS y la dinámica de los focos secundarios. Según el estrato: fuegos de subsuelo (materia orgánica bajo el suelo, poca intensidad pero días o semanas; hay que rascar hasta suelo mineral; ejemplo, la turba), de superficie (la inmensa mayoría en la península) y de copas: antorcheo (copas sueltas), pasivo (copas y superficie a la vez) y activo (las copas avanzan solas; los más destructivos pero poco frecuentes aquí). El ataque puede ser directo (sobre la llama) o indirecto (sobre un perímetro), según la longitud de llama. Por último, la prevención: la selvicultura preventiva busca masas menos combustibles con discontinuidades, alternancia de especies, clareos, podas, desbroces o quemas prescritas. El cortafuegos no es una barrera infranqueable, sino una zona de oportunidad que baja la intensidad. Los sistemas lineales preventivos incluyen fajas cortafuegos (despejadas hasta el suelo), fajas auxiliares (desbroce, clareo y poda junto a caminos, carreteras y urbanizaciones) y áreas cortafuegos (grandes, donde se reduce la espesura del arbolado).

Claves para el examen

💡 Truco

Las seis generaciones caben en una frase: 'Con Velocidad e Intensidad, la Interfaz Simultánea Tormenta' (Continuidad, Velocidad, Intensidad, Interfaz, Simultaneidad, Tormentas de fuego). Y el tiempo de retardo se multiplica por 10: 1, 10, 100 y 1.000 horas, cada vez más gordo.

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