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🧠 Tema 14: Psicología para intervinientes

Comunidad de Madrid · Bombero/a Especialista Conductor/a

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Epígrafe oficial

Psicología para intervinientes. Apoyo psicológico a víctimas. Preparación y apoyo psicológico a intervinientes. Gestión individual del riesgo.

Resumen

En muchas intervenciones hay gente que ha perdido a alguien o algo, y el impacto psicológico alcanza a las víctimas directas y a todo su entorno. Las SITUACIONES CRÍTICAS son acontecimientos de gran impacto emocional que desbordan los recursos de afrontamiento de personas que normalmente funcionan bien. La CRISIS es un estado de desequilibrio emocional: aparece cuando nuestros recursos de siempre ya no bastan. Según Enrique Parada (2004) hay crisis DEL DESARROLLO (adolescencia, emancipación, jubilación) y SITUACIONALES (ante un suceso concreto), que son las que veremos. Estas últimas son distintas para cada persona, llegan de improviso, duran poco (a veces horas), los recursos habituales no sirven al principio, generan un gran impacto (hasta conductas peligrosas o autodestructivas) y pueden resolverse de forma adaptativa o desadaptativa. Nuestra intervención busca estabilizar, recuperar el equilibrio, promover conductas adaptativas y prevenir problemas de salud mental. De la calidad de ese primer apoyo depende cuánto sufrirá la víctima y cómo será su recuperación.

Cualquiera puede sufrir una crisis, y hay un 40 % de probabilidad de sufrir algún trauma en la vida. Los afectados forman círculos: quien vive el suceso, sus familiares y allegados presentes, otros testigos o personas vulnerables que lo presencian y el propio personal interviniente. Según Robles y Medina (2002), entre el 15 y el 20 % tiene una conducta ADAPTATIVA (canaliza bien la situación y con ellos toca «hacer con ellos»). Entre el 50 y el 60 % tiene una conducta INDEFINIDA: lo intenta pero no encuentra estrategias, y es muy permeable a los primeros auxilios psicológicos. Entre el 20 y el 25 % tiene una conducta DESADAPTATIVA: se desborda, se aísla, huye, niega o se vuelve agresivo o muy pasivo, y ahí toca «hacer por ellos». Las reacciones inmediatas más comunes (Ehrenreich, 1999) son el entumecimiento psíquico («esto no está pasando»), la excitación aumentada, las reacciones emocionales (tristeza, rabia, miedo, culpa del superviviente), las crisis de ansiedad y la ambivalencia o inestabilidad afectiva. Para identificar posibles víctimas (Parada, 2004) nos fijamos en la apariencia, el razonamiento, las habilidades motoras, los gestos y su coherencia, la emoción y la orientación espacio-temporal.

Técnicas de apoyo. La mayoría se recupera sola, pero uno de cada siete afectados puede tener secuelas (depresión, pánico, trastornos del sueño, estrés postraumático). Los objetivos son regular el estrés agudo y la ansiedad, dar alivio emocional procesando lo ocurrido, favorecer que la persona funcione por sí misma y enlazarla con otros recursos. La base es la escucha activa y la validación empática, sin juzgar nunca. El primer paso es PROTEGER: presentarse («soy Juan, estoy para ayudarte»), llevar a la persona a un lugar seguro y ofrecerle abrigo, agua, oxígeno o mascarilla mientras le explicamos qué estamos haciendo. Si está muy desbordada (angustia, pánico, hiperventilación, temblor, huida), se REGULA su activación para mantenerla en la «ventana de tolerancia». Para eso está la respiración consciente, que no es obligatoria y lleva 5-8 minutos: inhalar 4 segundos, exhalar 4 y retener 4, durante al menos 5 minutos, guiando cada vez menos hasta que la persona lo haga sola.

Los PRIMEROS AUXILIOS PSICOLÓGICOS siguen la técnica A.B.C. La A es la ESCUCHA ACTIVA y empática, con lenguaje verbal y no verbal, y dura todo el proceso. La B es la «B»ENTILACIÓN EMOCIONAL: facilitar la catarsis o desahogo de lo reprimido (por vergüenza o por el qué dirán) con preguntas abiertas como «¿cómo te sientes?» o «cuéntame, ¿qué estás pensando?». La C es CONECTAR CON OTROS RECURSOS: cuando la persona está orientada y con cierta autonomía, no se la abandona, sino que se hace una transferencia adecuada, normalmente a los servicios sanitarios o psicosociales, y se le anima a buscar su red de apoyo (familia, amigos, vecinos).

Cómo nos comportamos en una emergencia. El COMPORTAMIENTO es una actuación con consecuencias internas y externas y con causas múltiples (biológicas, psicológicas, sociales…). La PERSONALIDAD es el conjunto de características psíquicas, bastante estable, que hace algo predecible nuestra conducta. Las situaciones pueden ser individuales, grupales (colegio, vecindad) o de aglomeración (estadios, centros comerciales, hospitales). Influyen el espacio, factores internos y externos, la población y los factores psicofisiológicos. La personalidad cuenta, con tres rasgos a vigilar: histérico, depresivo y obsesivo. También el sexo: en incendios, los hombres perciben más el riesgo por indicios sutiles y tienden a intervenir, y las mujeres atienden a señales objetivas (humo, ruidos) y tienden a avisar y evacuar. La edad importa: los jóvenes son más desordenados y caen antes en el pánico, los maduros tienen más autocontrol y los mayores reaccionan más despacio. Otros factores son la forma física (quien está en forma arriesga de más), la formación, el apoyo emocional (quien tiene red está más sereno), la tolerancia a la frustración (la frustración genera agresividad), la territorialidad y la tendencia al gregarismo.

La conducta colectiva es la conducta espontánea de un grupo ante un estímulo común en una situación ambigua. El PÁNICO, según la NTP 395, es un «conjunto de personas que reaccionan con sentimientos de alarma, sea real o supuesto el peligro, y con una conducta temerosa, espontánea y no coordinada». El miedo es bueno porque nos protege, pero si se desborda produce «ceguera psicológica». En la masa la persona se despersonaliza, y aparecen la pérdida de razonamiento y de responsabilidad, la sugestibilidad ciega, el anonimato, los instintos primarios y actos criminales o heroicos. Son impulsivas e irritables, se lo creen todo y se inclinan ante una autoridad fuerte. Luego viene el CONTAGIO MENTAL del miedo y la angustia. El antídoto es la INFORMACIÓN, planificada para antes, durante y después, explícita, sencilla y sin exceso. Sus requisitos son credibilidad, claridad, continuidad (repetirse), coherencia, adecuación y viabilidad. Que falten mensajes es una de las principales causas del caos, y la información es lo que frena los rumores catastrofistas.

Nosotros también nos afectamos. El TRASTORNO DE ESTRÉS POSTRAUMÁTICO (TEPT) puede aparecer justo después de una intervención o semanas o meses más tarde, y se previene con preparación psicológica durante toda la carrera. El ESTRÉS es, para el INSST, «la respuesta fisiológica, psicológica y de comportamiento de un individuo que intenta adaptarse y ajustarse a presiones internas y externas». El estrés laboral es un desajuste entre la persona, el puesto y la organización. El EUSTRÉS es la activación óptima y proporcional al estímulo. El DISTRÉS es excesivo o inadecuado y, si se prolonga, hace daño. El problema llega cuando las demandas se alargan o se repiten sin parar o cuando son desmesuradas. Para prepararse: formarse en cada guardia, practicar relajación, respiración o mindfulness, cuidar el equipo y aceptar el estrés como parte del oficio. Los hábitos que ayudan son deporte 4 o 5 veces por semana (dopamina), dieta sana, dormir 7-8 horas, cuidar las relaciones y divertirse. En la intervención, los mandos aportan calma, información, funciones claras, rotación y descanso, refuerzo positivo y vigilancia del estado mental. Tras una intervención dura conviene recordar que «no me ha pasado a mí», no trivializar lo sentido y usar alguno de los tres niveles de apoyo: el equipo, el DEBRIEFING (puesta en común) o el tratamiento psicológico profesional. Hay que acabar con el mito del bombero invencible, víctima del «síndrome del cuidador descuidado»: quien ayuda también tiene que saber pedir ayuda.

Gestión individual del riesgo. Trabajamos con datos incompletos, en entornos cambiantes, sin saber cuánto durará, sin soluciones únicas, coordinados con otros, contra el reloj y con presión social. Como la seguridad total no existe, se gestiona el riesgo: por nuestra integridad, porque un compañero herido agrava el siniestro y porque decidimos más por emoción que por lógica. PELIGRO es la fuente real o potencial de daño y RIESGO, la posibilidad de que se materialice. ACCIDENTE es un suceso eventual del que resulta un daño involuntario. Sus causas pueden ser BÁSICAS o indirectas (fallos del sistema de prevención) o INMEDIATAS o directas (actos erróneos o contexto inseguro), que a su vez son objetivas, subjetivas o técnicas. Cerca del 80 % de los accidentes se debe a acciones erróneas y el 20 % a condiciones inseguras (15 % el ambiente y 5 % el material). Casi el 50 % se debe al exceso de confianza (encuesta de 2003), y según Frank E. Bird, de cada 100 accidentes 85 vienen de actos inseguros y solo 1 de condiciones inseguras. Los factores de riesgo son el PELIGRO (probabilidad y consecuencias), la EXPOSICIÓN (sin exposición no hay riesgo, y menos tiempo es menos riesgo) y la VULNERABILIDAD (nuestro grado de protección). Evaluar tiene dos fases, ANÁLISIS (probabilidad alta, media o baja y consecuencias ligeramente dañinas, dañinas o extremadamente dañinas) y VALORACIÓN, y la matriz da riesgo trivial, tolerable, moderado, importante o intolerable. El riesgo MÁXIMO o basal es lo peor que puede pasar antes de actuar, y el RESIDUAL o real es lo que queda tras las medidas, y debe ser asumible. Gestión del riesgo = análisis y evaluación + medidas de control o prevención + minimizar las consecuencias. La percepción del riesgo es subjetiva y depende de la edad, el cansancio, la formación, la veteranía, el tipo de siniestro y las experiencias previas, pero se puede cambiar: modificación del comportamiento = ↑ riesgo percibido + ↑ motivación por la seguridad + ↓ riesgo asumido.

Claves para el examen

💡 Truco

Robles y Medina en forma de campana: pocos lo llevan bien (15-20 %), la mayoría está en medio (50-60 %) y unos pocos se desbordan (20-25 %). Con los primeros «hago CON», con los últimos «hago POR». El ABC psicológico tiene trampa, porque la B es de «Bentilación» escrita con B a propósito: Escucha, Bentila y Conecta. La matriz de riesgo es una escalera que sube un peldaño cada vez que aumenta la probabilidad o la gravedad: trivial, tolerable, moderado, importante e intolerable. La diagonal (baja-ligera, media-dañina y alta-extrema) da trivial, moderado e intolerable.

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