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🧯 Tema 2: Agentes extintores: agua, espumas, CO₂, halones y polvo

Aena S.M.E., S.A. · aeropuertos · Técnico/a de Equipamiento y Salvamento: Bombero/a (IC10)

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Epígrafe oficial

Curso Básico de Bomberos/as de Nuevo Ingreso: Teórico. Capítulo 1: Tecnología del Fuego y Agentes extintores.

Resumen

Para apagar un fuego, sea cual sea el mecanismo que elijas, hace falta un agente extintor: un compuesto que, echado sobre el fuego, lo extingue por uno o varios mecanismos (enfriamiento, sofocación, desalimentación o inhibición). Se pueden usar solos o combinados para sacarles el máximo partido. El manual los ordena de dos maneras. Por su estado físico: sólidos (polvo químico seco y arena), líquidos (agua y espuma física) y gaseosos (anhídrido carbónico, hidrocarburos halogenados, vapor de agua y gas inerte). Y por su efectividad: agua a chorro para la A; agua pulverizada, espuma física, CO2 y halones para A-B; polvo de bicarbonato sódico (convencional) para B-C; polvo de fosfato amónico (polivalente) para A-B-C; polvo especial para la D, y un agente específico para la F.

El agua es el agente más usado: abunda, es barata y tiene un calor específico y un calor de vaporización elevados, además de densidad alta y estabilidad química. Se disuelve en algunos líquidos inflamables (disolventes polares), que al diluirse dejan de arder, y al evaporarse aumenta unas 1.700 veces su volumen. Apaga combinando tres mecanismos: enfría, sofoca (el vapor baja el oxígeno) y desalimenta por dilución de combustibles hidrosolubles. Enfriar funciona en sólidos y en líquidos con punto de inflamación medio o alto; en gases o en líquidos con punto de inflamación bajo no llega a enfriar lo suficiente. La gota ideal mide entre 0,2 y 1 mm y la eficacia es máxima pulverizada. Se mejora con aditivos: anticongelantes, humectantes (bajan la tensión superficial), espesantes, retardantes, modificadores de flujo y espumógenos. No se usa sobre líquidos inflamables menos densos que ella, cerca de instalaciones eléctricas ni en fuegos de metales y peróxidos.

La espuma es una masa de burbujas que se forma metiendo aire en una solución espumante; en los aeropuertos el agente principal es la AFFF. Cubre y se pega a superficies horizontales y verticales, aísla del aire y no deja salir los vapores. Vocabulario imprescindible: espumógeno (el concentrado), espumante (agua + espumógeno), coeficiente de expansión (volumen de espuma entre volumen de espumante), dosificación (en general hasta un 6 %; la nominal la marca el fabricante), proporcionador, inductor (aspira el espumógeno por efecto Venturi) y tasa de aplicación (litros por minuto de espumante por unidad de superficie). Los generadores son aspirantes (la espuma sale ya hecha) o no aspirantes (se forma en el trayecto). Hay espumógenos antialcohol, polivalentes y universales (estos últimos, newtonianos o pseudoplásticos).

Por su índice de expansión, la espuma es de baja (< 20; entre 7 y 9, mucha agua y burbuja pequeña), media (20-200) o alta expansión (≥ 200, ligera y de burbuja grande). Las lanzas aspirantes dan más expansión, drenaje más largo y más resistencia a la reignición; las no aspirantes, más alcance y cortina de niebla, útiles con combustibles de baja presión de vapor y con vidas en peligro. Las lanzas de baja expansión de 45 mm dan 200 o 400 l/min y las de 70 mm, 400 u 800 l/min, con colores: amarillo 200, rojo 400 y azul 800. Las de media expansión van en 45 mm (200 o 400 l/min) y llevan manómetro con la presión óptima de 3 kg/cm². El generador de alta expansión sopla aire con un ventilador (movido por el agua, turbina hidráulica o motor de explosión) sobre una malla metálica o de nailon.

Por composición hay espumas de base proteínica (proteínica, fluoroproteínica, FFFP y FFFP-AR) y de base sintética (AFFF, AR-AFFF, AR, multiexpansión, clase A y de entrenamiento). La proteínica es barata y estable, pero incompatible con acero, galvanizado y aluminio. La AFFF es muy fluida, forma película acuosa y vale para todos los combustibles líquidos inflamables salvo los disolventes polares; para esos están las AR, que crean una membrana polimérica. La de entrenamiento nunca se usa en fuegos reales. Por función: monovalentes (hidrocarburos), antialcohol (polares) y polivalentes (ambos). Por eficacia, la OACI tiene niveles A, B y C, y Aena gasta las de nivel B hasta agotarlas y las sustituye por las de nivel C.

Se aplica en superficie (lo normal: directa, barriendo de lado a lado, o indirecta con deflector) o bajo la superficie, en tanques de techo fijo y con equipos especiales. Las sintéticas son compatibles entre sí y con CO2, halones y polvo, pero no se mezclan espumógenos distintos sin consultar al fabricante, y cada uno se usa al porcentaje que marca: AFFF hasta el 6 %, multiexpansión 2-3-6 % y antialcohol 3-6 %. La calidad se mide por coeficiente de expansión, drenaje del 25 % (estabilidad), fluidez, resistencia a la contaminación y oleofobicidad. Apaga por sofocación y enfriamiento, sirve en fuegos A, B y F, y la cantidad necesaria depende del tamaño del derrame, del producto, del espumógeno y del método de aplicación.

El CO2 es un gas incoloro, inodoro y 1,5 veces más denso que el aire; se guarda licuado por debajo de 31 ºC. Apaga por sofocación y un pequeño enfriamiento. Ojo: al 4 % molesta, por encima del 9 % (máxima soportable) causa pérdida de consciencia y asfixia, y al vaporizarse llega a -79 ºC, así que los guantes son obligatorios y en recintos donde se ha descargado hace falta equipo de respiración autónoma. Va bien en líquidos y tensión eléctrica. Los halones son hidrocarburos con halógenos; su número cuenta átomos de carbono, flúor, cloro y bromo (y una quinta cifra, yodo): 1211, 1301 y 2402. Apagan por enfriamiento e inhibición, pueden ser tóxicos e irritantes y se usan en los diez primeros minutos, antes de unos 500 ºC. El Protocolo de Montreal cortó su producción el 1 de enero de 1994, pero siguen permitidos en bodegas de carga, cabinas y góndolas de motor/APU. El Halotrón (HCFC-123) sustituye al 1211 en portátiles; los portátiles de 1211 quedan prohibidos en aviones certificados desde mayo de 2019.

El polvo químico seco (PQS) se aplica con extintores, mangueras o sistemas fijos. El convencional (bicarbonato sódico) es para B y C; el polivalente o ABC (fosfato monoamónico), para A, B y C; el especial, para metales. La base puede ser bicarbonato sódico o potásico, cloruro potásico, bicarbonato de urea-potasio (el más eficaz) o fosfato monoamónico, con aditivos como estearatos, fosfato tricálcico o siliconas. Es estable por debajo de 60 ºC (almacenar a 49 ºC como máximo), las partículas miden 10-75 µm (mejor 20-25) y nunca se mezclan polvos distintos al recargar. La causa principal de extinción parece la rotura de la reacción en cadena; el polivalente deja además ácido metafosfórico que aísla la brasa. No se usa con contactos eléctricos delicados, es algo corrosivo y puede ser incompatible con espumas. Cierra el tema la ficha de datos de seguridad, que da el proveedor, con sus 16 apartados (identificación, peligros, primeros auxilios, lucha contra incendios, vertidos...). El manual trae como ejemplo las fichas de un espumógeno AFFF 6 % de nivel OACI C y de un polvo de bicarbonato potásico.

Claves para el examen

💡 Truco

Expansión con dos ceros que crecen: «20 y 200» separan baja, media y alta. Lanzas de espuma por colores, de menos a más caudal, del color cálido al frío: Amarillo 200, Rojo 400, Azul 800 (cada paso dobla el caudal). Para el CO2, «4 molesta, 9 tumba y -79 quema». Y los halones se leen siempre en el orden C-F-Cl-Br (y I si hay quinta cifra): el 1301 es 1 carbono, 3 flúor, 0 cloro y 1 bromo.

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